- Si se consolida la democracia y los políticos llevan las riendas en lugar de ceder a la presión de las instituciones financieras, sustituyendo una economía basada en la especulación por otra basada en el conocimiento.
- Si se disminuyen las inversiones en armas y gastos militares y se destinan más fondos al desarrollo global sostenible, aumentando considerablemente el número de personas que se beneficien del progreso.
- Si se termina enérgicamente con los paraísos fiscales y se ponen en práctica, de una vez, los mecanismos de financiación alternativos como las tasas sobre transacciones electrónicas.
- Si se termina, también de una vez, con los grupúsculos plutocráticos del G-7, G-8, G-20… impuestos por los “globalizadores” y las Naciones Unidas se refuerzan y dotan de los medios para cumplir sus misiones de seguridad territorial a escala mundial; de hacer respetar el Derecho Internacional; de incluir a la Organización Mundial del Comercio y hacer que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional cumplan sus misiones fundacionales; de interponer rápidamente los cascos azules, en lugar de ser testigos impasibles de genocidios y violaciones masivas de los derechos humanos; si se coordinan las acciones de los cascos rojos, especialmente preparados para reducir el impacto de catástrofes naturales o provocadas…
- Si se adopta la decisión de que, de la noche a la mañana, las drogas no valgan nada, hallándose disponibles en todas partes y a precios módicos, como sucede con el alcohol y el tabaco. Esta “legalización” iría acompañada, como procede, de una campaña de disuasión en todos los medios de comunicación, docentes, etc. y del tratamiento de los adictos, para su recuperación, clínicamente.
- Si en todo el mundo los ciudadanos, conscientes del poder que les confiere la participación no presencial, deciden dejar de ser receptores resignados y pasan a la acción.
El mundo tiene arreglo. Pero no será el G-20 de la “solución Bush” el que resolverá los problemas del mundo. Ni “rescatando” a banqueros irresponsables con dinero público. Ni deslocalizando la producción por “codicia añadida”. Ni invirtiendo miles de millones en artefactos de defensa y seguridad propios de confrontaciones pretéritas. Ni permitiendo que el mercado siga prevaleciendo sobre la justicia social. Ni permitiendo el bochorno de los paraísos fiscales. Ni manteniendo a la gente distraída y obcecada en los nuevos circos reales y virtuales del siglo XXI. Ni con fórmulas de ayer se resolverán los retos de hoy y de mañana.
Será con imaginación. Será inventando el futuro.
Será aplicando soluciones preconizadas por gente fiable: “En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento” (Albert Einstein).
Y otra: “Todo cambio es posible… Ningún desafío se halla fuera del alcance de la creatividad humana” (John F. Kennedy).
José Monleón, en su excelente ensayo sobre “Crisis, cultura y democracia” cita a Amin Maalouf cuando escribe: “La Humanidad está haciendo frente a peligros previamente desconocidos, que requieren soluciones globales previamente desconocidas”.
El por-venir está por-hacer. Un mundo nuevo a la altura de la dignidad humana podría, por fin, construirse en los albores del siglo XXI.
Publicado por Federico Mayor Zaragoza en http://federicomayor.blogspot.com/2010/07/el-mundo-tiene-arreglo.html