Entradas con la etiqueta ‘crack del 09’

Pringao contra Listillo (y el Blanquito), Parte Dos

escrito por Dans

Robert le debe la mitad a Grenville
Quien a cambio le dio la mitad a Larry
A quien le encantó mi música
Así que le dio la mitad a una productora extranjera
Ella se quedó con la mitad del dinero que había sido ganado en lejanas tierras
Le devolvió la mitad a Larry, y yo me quedé con la mitad de Dios sabe qué
Oh, ¿me puede alguien explicar por qué las cosas van de esta manera?
Pensé que eran mis amigos, no me puedo creer que sea yo, no puedo creer que esté tan envidioso
Los ojos redondos, redondos, sentémonos todos y veamos el dinero cambiar de manos
Todo el mundo coge algo de aquí y algo de allá
¿Se merecen todos dinero de una canción que nunca escucharon?
No conocen el ritmo ni la letra, pero les importa un carajo
No hay nunca fin, estoy en una trampa, y me he quedado atrapado
El dinero rota y rota, y sigue rotando
Y por fín llega a mí… cuando todos han cogido su parte
Fui a ver a un abogado, y mi historia fue oida, y empezó el litigio
Al borde de un ataque de nervios, decidí luchar hasta el final
Pero aún cuando consiga el dinero, seré demasiado viejo y gris para gastarlo
Oh, pero la vida sigue su curso, y yo nunca gano
Y el tiempo pasa rápido, tan rápido como el dinero
Sólo espero poder sobrevivir

Recapitulemos: tenemos a nuestros tres personajes: Pringao, Listillo y Blanquito. A Pringao le han embargado la casa y el coche y ahora vuelve a vivir con sus padres, separado de su novia, que ahora vive en el piso de una amiga suya. Una pareja que no hacía muchos meses planeaba con casarse se ha quedado sin nada por aquello de la crisis, un fenómeno en boca de todos pero que nadie sabe de dónde viene ni a dónde va. Algo parecido al dinero. Listillo, por muy listo que se crea también está en apuros: el producto financiero que él mismo creó está atacando a su propio creador. No sólo los bancos que los compraron han salido mal parados, sino que por las pérdidas de éstos las acciones del Banco de Listillo caen, los demás bancos son incapaces de devolver los créditos a éste (porque los bancos se prestan dinero entre sí), y la menguante confianza de la gente en las cuentas corrientes y de ahorro hace que el banco tengo mucha menos liquidez (esto es, dinero contante y sonante).

Sobre Blanquito sobre todo pesa la incertidumbre. Cuando tu país está en quiebra porque le ha dado por absorber los tres principales bancos de la isla (Kaupthing, Landsbanki y Glitnir), no puedes estar muy tranquilo por tu situación económica. Sin embargo él mantiene su trabajo. Por suerte para los islandeses, las empresas y el Estado cuentan con una solvencia muy grande gracias a su austeridad y un sistema fiscal con unos impuestos muy altos. No obstante nadie sabe cuanto tiempo va a seguir trabajando y disfrutando de un mínimo de calidad de vida.

Y cuando parecía que todos los elementos de esta situación habían ya sido descritos, y sólo cabía esperar a que amainara la tempestad, aparece un curioso personaje, que será presentado mientras seguimos narrando la vida de uno de nuestros protagonistas: Listillo.

Aunque Listillo tiene gran parte de sus ahorros en paraisos fiscales como Suiza o las Islas Caimán, sabe que si hubiese una grandísima crisis como parece avecinarse, podría hasta darse el caso de que estas entidades financieras violasen el secreto bancario a petición de algún juez. Listillo tenía que buscar otra fuente de ingresos, un fondo que le permitiese seguir generando ingresos a pesar de todo. La respuesta a los problemas de Listillo vino con la llamada desde el despacho del señor Malvado.

Éste le ofrece, exclusivamente a él y a otros selectos clientes, un plan de inversiones a corto plazo de enorme rentabilidad (un nada desdeñable 15% mensual), que podría retirar cuando él quisiera.

Listillo conocía al señor Malvado de verlo en revistas económicas, y de seguir de cerca su carrera en la bolsa, y sabía que si depositaba su dinero en sus manos, éste estaría a buen recaudo y daría unos jugosos rendimientos mientras la crisis no remitiese. Así que Listillo, seguro de su inversión, llama al despacho del señor Malvado para invertir la suma de un millón de dólares en su depósito.

Pasa un mes, y Listillo es notificado por teléfono de que su inversión empieza a dar sus frutos: ahora su cuenta en el depósito del señor Malvado ascendía a 1.150.000$. Mientras Listillo se frotaba las manos por su acertada inversión el dinero seguía creciendo mes a mes. El propio asistente del señor Malvado le había dicho que si recomendaba a más personas de confianza,  sería recompensado con primas extra.

Seis meses después Listillo decide extraer su dinero del depósito del señor Malvado, así que llama a su asistente para que tramite la tranferencia bancaria, per éste le dice que no puede hacerlo sin la firma de su jefe, que estaba de vacaciones en Tahiti, pero que en una semana volvería. Una semana después su madre estaba enferma y no había pasado por el despacho. Un mes después Listillo seguía sin tener su dinero. Tres meses Listillo observa estupefacto por la televisión como el señor Malvado es puesto bajo arresto domiciliario por fraude. Nos encontramos al final del año 2008 y Listillo sigue con un millón menos.

El señor Malvado

Estaba perdido, haciéndome preguntas alrededor del centro de la ciudad
Mucha gente empujándome por la calle
El odio se extiende como una infección
Esas ratas, saltándome a la espalda
Ratas negras y gordas agarrándose a mí
Veo ratas en todas direcciones
No hay tiempo para coger aliento
Gente loca, ha perdido la cabeza
Masas aplastando mis pies, desconsideradas en su fervor
Esas ratas, criando furia y maldad
Nunca han hecho nada bueno a gente como tú o como yo
Pasa por encima a toda la gente a la que no veas
Si mueren hay más pan para mi
Como serpientes arrastrándose tras el cristal
No hay tiempo para tomar aliento
Gente loca, ha perdido la cabeza
Masas aplastando mis pies, desconsideradas en su fervor
Esas ratas, criando furia y maldad
Nunca han hecho nada bueno a gente como tú o como yo
Mira ese hombre observándome, es demasiado egoísta para darse cuenta
Una vez fue amable y comprensivo
Ahora todo lo que tiene es su mente de raya diplomática
Mira ese hombre observándome, es demasiado egoísta para darse cuenta
Una vez fue amable y comprensivo
Ahora todo lo que tiene es su mente de raya diplomática

El señor Malvado es un perro viejo de las finanzas. Una persona muy conocida en el mundo de la bolsa. Durante cierto tiempo dirigió el mercado de valores americano NASDAQ. Se trata de un hombre respetado y con un gran nombre en la economía americana, que tras haber pasado mucho tiempo en activo, pasa a trabajar por cuenta propia creando su propio fondo de inversiones, utilizando una cosa muy rara llamada Diagrama de Ponzi.

Pensar en nombres como Gescartera, Sofico o Fórum Filatélico es saber por dónde van los tiros cuando hablamos de un Diagrama de Ponzi. El señor Malvado lo tenía todo planeado. En realidad no había mucho que planear, ya que lo que iba a hacer se trataba de una de las clases de fraude más viejas y usadas de la historia.

La cosa es muy simple: el señor Malvado es un hombre con una gran reputación, alguien en quien confiar cuando hablamos de dinero. Tantos años en la bolsa no habrán sido en balde, para nada. Valiéndose de esa confianza ganada a través de los años, el señor Malvado contacta con gente con grandes ahorros y con entidades financieras, ofreciéndoles un depósito en el que invertir con muy altos intereses (un 15% mensual digamos). Cuando los particulares y los bancos ven que un hombre de tal solvencia y popularidad en el mundo de las finanzas está ofreciendo unos intereses tan altos, se lanzan a invertir en él. Pero lo que menos se imaginan es que están siendo vilmente engañados. Imaginemos que 10 personas, o lo que sean, invierten cada una un millón de dólares en el depósito. En total son diez millones de dólares americanos en la caja del señor Malvado. Pasa un mes, hora de repartir intereses. Cada uno de los inversores reciben, todos contentos ellos, 150.000 dólares para gastar en lo que quieran. “Qué genio es este señor Malvado, qué bien invierte nuestro dinero”. Sin embargo nadie se pregunta en qué ha invertido el señor Malvado el dinero para obtener tan altos rendimientos. Muy fácil: el señor Malvado no ha invertido nada. Simplemente ha cogido del dinero que habia recaudado (10 mill. $) el 15%, y lo ha repartido entre sus 10 inversores, quedándose el señor Malvado (y así por fin hace justicia a su nombre) con el 85% restante, es decir, 8.500.000 dólares.

Todo sigue funcionando de maravilla mientras entren más y más clientes para que se puedan pagar sus intereses, y mientras no huyan todos en desbandada. Para ello el señor Malvado ofrece a sus inversores cuantiosas bonificaciones a cambio de captar más clientes que inviertan en el depósito. Repito: todo sigue funcionando mientras haya calma y crezca el número de inversores.

Pero ahí empiezan los problemas. De repente un cliente decide retirar sus fondos porque quiere comprarse un coche. Bien, no hay problema, se le devuelve. A estas alturas el depósito del señor malvado ya cuenta con 50.000 clientes, eso son cincuenta mil millones de euros, así que devolverle el dinero a alguien no es ningún problema. Pero la crisis… ¡oh, la crisis! hace que la gente empiece a hacer acopio de sus bienes, pasta incluida, y cuando la crisis comienza a tornarse en recesión, comienza el pánico. Y el pánico era justo lo que el señor Malvado pretendía evitar a toda costa. Devolverle el dinero a uno, a dos, a cincuenta clientes era perfectamente asumible. Que de la noche a la mañana 20.000 personas, como el señor Listillo, quieran recuperar su dinero significaba sólo una cosa: que el señor Malvado estaba metido en un grandísimo lío. Y mientras la policía se lleva esposado al señor Malvado, es mucha la gente la que se pregunta cómo es posible que una estafa piramidal haya vuelto a cobrarse víctimas.

No sólo eso.

El Diagrama de Ponzi se inventó en 1920. Ochenta y ocho años después, tras cientos de casos de estafa previos a este, en el 2008 se produce el mayor fraude piramidal de la historia, con una cantidad defraudada hasta ahora descubierta de cincuenta mil millones de euros.

¿La clave del éxito de esta estafa? La confianza depositada en este hombre, y sobre todo, la codicia. No recuerdo bien quién me había indicado la diferencia entre ladrón, timador y estafador. Ladrón es aquel que roba indiscriminadamente a la gente usando todo tipo de métodos. Timador es el que se aprovecha de la gente simplemente ingenua para robarle. Estafador es aquel que se aprovecha de la codicia de las personas. Vuelve a ser la misma vieja historia de siempre. No hay buenos ni hay malos porque todos aceptan las reglas cuando entran en el juego. El dinero, en cualquier caso, siempre acaba en las mismas manos.

Fuente | Efectos Secundarios

Pringao contra el Listillo (y el Blanquito) Parte I

escrito por Dans

Estamos en recesión. Lo repiten, lo repiten, y seguirán repitiéndolo, hasta que algún día las noticias de despidos masivos, caídas en bolsa y quiebras vayan poco a poco disipándose.

Los bancos, al igual que los gobiernos, por fin han cesado de intentar negar la crisis para afrontar los hechos cara a cara: vamos a estar un poco jodidos por un tiempo. Va a haber más paro, menos dinero y más deudas.

Mucha gente, sin embargo, se pregunta qué ha hecho para merecer una crisis; qué ha provocado que lo hayan despedido o suspendido de su empleo. La mayoría asume que “estamos en crisis”, como si fuese lo que debería ocurrir, lo natural. Es como cuando compramos un ordenador nuevo con Windows y damos por hecho que “lo normal” es que se cuelgue de vez en cuando o que haya que llevarlo a reparar o formatear el disco duro cada cierto tiempo.

¿Pero qué es lo que provoca la crisis? Para explicarlo vamos a presentar aquí a nuestros personajes: Pringao, Listillo y Blanquito. Esto va a ser como una ópera rock, así que antes de leer tendréis que darle al play para la banda sonora, muy importante para esta historia

Pringao

Pringao tiene 24 años y vive con sus padres en su casa de Rosedale, Maryland. Pringao nunca pudo pagarse una carrera universitaria, ni una High School para hacer la enseñanza secundaria. Una vez terminó el instituto pasó por varios trabajos, como el de ayudante de mecánico en un taller de Baltimore, o de camarero en Rosedale. Hasta hace dos meses tenía un duro pero estable trabajo en una panadería cercana a su casa, pero una serie de faltas de puntualidad le hicieron perder su trabajo. Ahora está en el paro. Nos encontramos en la primavera de 2006.

Pringao tiene una novia. Al igual que Pringao, vive con sus padres, pero ella trabaja como camarera de catering en Dundalk, donde cobra una miseria, pero como vive en casa de sus padres, tampoco necesita mucho.En cualquier caso, los dos desean irse de casa de sus padres y ser por fin independientes. Ellos esperan que llegue alguna oportunidad, pero por el momento no aparece por ningún lado.

De repende un día Pringao recibe un carta a su nombre desde el Banco de Listillo, en el que tiene una cuente desde que era pequeño, y donde guardaba una mísera cantidad de dinero. En la carta se le ofrecía una hipoteca a 60 años por un interés bajísimo al mes. Pringao no era ningún pringao, leía el periódico y sabía que los precios de la vivienda en Estados Unidos estaban en alza, por lo que comprar una casa podía ser una gran inversión. Con el sueldo que ganaba su novia podrían pagar sin ningún problema la hipoteca mes a mes, y aún poder permitirse ciertos caprichos como un coche, para que luego, cuando quisieran cambiarse de casa, venderla por un precio ostensiblemente superior al que la compraron, devolver el crédito hipotecario, y tener una buena vida, independientes por fin de sus padres. Sí, definitivamente era la oportunidad que ambos estaban esperando. Dos semanas después, Idiota, el director de la sucursal 6428 del Banco de Listillo, y amigo de la familia, concede el crédito a la feliz pareja que en poco tiempo estaría viviendo en su preciosa casa.

Efectivamente un mes después, tras amueblarlo un poco y hacerlo habitable, Pringao y su novia estaban viviendo en un acogedor piso en un barrio residencial de Baltimore, una de las grandes ciudades de la costa este americana, a unos escasos 10 kilómetros de casa de sus padres. Tal y como había planeado Pringao, podían pagar sin problemas la hipoteca con lo que ganaba su novia, que había sido promocionada a maitre y trasladada al centro de Baltimore. Incluso compraron un coche. Así vivieron felices durante un año y medio.

Pero a mediados del 2007 los periódicos anunciaban un descenso muy pronunciado en el precio de la vivienda. A Pringao esto tampoco le preocupaba demasiado. Trabajaba ahora mismo en una lavandería y su novia y él no tenían problemas de dinero. Tendrían que apretarse un poco el cinturón, pero no sería un problema.

El problema llegó cuando una mañana de sábado llamó a casa Idiota, el director del banco amigo de la familia. Entonces le dijo la mla noticia: el Banco de Listillo ha subido considerablemente los tipos de interés para las hipotecas. “Ya sabes lo que está pasando con el mercado inmobiliario, hay una ligera desaceleración, pero tampoco es gran cosa, así que no te preocupes”, decía Idiota. Pero Pringao no se lo acababa de creer, así que empezó a buscar un trabajo en el que le pagaran más, porque entre su salario y el de su novia era un suplicio llegar a fin de mes.

De ahí a dos meses llegó el auténtico desastre: primero Pringao es despedido (”ya sabes, la crisis…”). Y poco después, también despiden a su novia (”ya sabes, la crisis…”). Pringao y su novia no podían pagar la hipoteca. Buscaban trabajo, pero eran incapaces: No había trabajo para ellos: no tenían estudios, ni formación profesional, ni ninguna habilidad especial. De repente se ven insolventes, desposeídos de su casa y de su coche por un doloroso embargo, y a sus 26 años, de vuelta en casa de sus padres. Estamos a finales de 2007, y los periódicos ya hablan de crisis financiera e inmobiliaria. Pringao está arruinado, insolvente y sin trabajo.

Encarar el mundo no es fácil cuando nada está funcionando
Estando en una esquina esperando viendo el tiempo pasar
¿Iré a trabajar hoy, o esperaré el tiempo oportuno?
Porque cuando veo a ese hombre del sindicato caminando por la calle
Es el hombre que decide si vivo o muero, si como o paso hambre
Entonces viene hacia mí y el sol comienza a brillar
Entonces pasa de largo y yo sé que tengo que volver a la cola
Ahora pienso en lo que decía mi madre
Siempre dijo que esto nunca funcionaría
Pero lo único que quiero es ganar algo de dinero
Y llevar algo de vino a casa
Porque no quiero que me veas nunca
Esperando en esa cola
Porque ese hombre del sindicato me asusta tanto…
Es el hombre que decide si vivo o muero, si paso hambre o como
Entonces viene hacia mí y el sol comienza a brillar
Entonces pasa de largo y yo sé que tengo que volver a la cola

Blanquito

Blanquito es uno de los 300.000 orgullosos ciudadanos de la República de Islandia. Vive en la capital con su mujer, en un precioso piso cerca de Skólavörðustígur, en Reykjavik, capital de Islandia. Tiene dos hijos y vive feliz trabajando como Ingeniero Industrial en Reykjavik Energy. Su sueldo, bastante alto, es mensualmente transferido a su cuenta del banco Glitnir, uno de los tres principales bancos de la isla. De la noche a la mañana ve como de repente todo se vuelve malo: con el dinero que hacía una semana podía comprar tres barras de pan, ahora puede comprar una. Los tres principales bancos de su pais quiebran de repente y son absorbidos por el Estado, que se ve obligado a pedir dienro al Fondo Monetario Internacional, algo que no pasaba en un país occidental desarrollado desde 1976.

En uno de estos días, por si las cosas no podían ir peor, el jefe de Blanquito le dice que le tiene que reducir el sueldo porque la compañia está pasando por ciertas dificultades. Mientras todo esto está pasando, la ministra de economía del país anuncia con sinceridad que la población islandesa, 300.000 personas que mantienen el pais con la mejor calidad de vida del mundo, la mayor riqueza per cápita y la mejor distribuida del mundo, y el país más desarrollado del mundo, tiene por delante dos años terribles.

Los periódicos e informativos islandeses explican que todo esto es culpa de una serie de hipotecas otorgadas en masa en Estados Unidos a gente insolvente, sin trabajo y sin propiedades, que con el desplome del precio de la vivienda no pudieron pagar la subida de intereses hipotecarios. Blanquito sin embargo se pregunta por qué tiene él que pagar las consecuencias de una crisis que es culpa de los americanos. Esa pregunta tiene una respuesta muy clara, y la tiene el señor Listillo.

Listillo

Listillo es millonario. Multimillonario diríamos incluso. Vive en un enorme piso de cuatro plantas en pleno centro de Nueva York y posee casas en sitios como Florida, Dubai, Escocia, una isla entera en el Caribe y una enorme colección de coches deportivos. Es el presidente y mayor accionista del Banco de Listillo, uno de las mayores entidades bancarias de los Estados Unidos. A principios del año 2006 decidió ser un poco más permisivo con la concesión de créditos hipotecarios y comenzó a aprobar préstamos a familias con muy pocos o ningún ingreso, por un interés muy bajo, logrando así que muchísima gente se endeudase y aumentar más la riqueza y los activos de su banco, y de él mismo. Listillo contaba con que la vivienda, en auge por aquel entonces, siguiera subiendo para que, en caso de insolvencia, se puedieran vender las casas a un precio mayor del que se habían comprado. Un negocio redondo vamos.

El problema llega con la caida del precio de la vivienda. Listillo se ve obligado a subir los tipos de interés de sus hipotecas una barbaridad, lo que provoca que todas esas familias sin ingresos que tenían una hipoteca con el banco dejen de pagarla. Como hemos dicho antes, el plan B ante esto era verder las propiedades a un precio mayor del que había sido compradas. Pero eso es imposible, porque el mercado inmobiliario se encuentra saturado.¿Verdad que esto parece uno de esos terribles círculos viciosos? ¡Pues no! Listillo, que se llama así por algo, al tiempo que manda sus ahorros (millones y millones de dolares) a cuentas en paraísos fiscales, inventa una cosa que se llama Titulización, es decir, meter en el mismo paquete unas pocas hipotecas buenas (las que son pagadas, cuyos titulares son gente solvente y con ingresos), y un montón de hipotecas, como las de nuestro amigo Pringao, a las que llama Sub-Prime, que es muy probable que no se paguen. Lo que pasa es que en estos paquetes las buenas hipotecas “tapan” a las malas. Esta treta inventada por listillo no se la cree nadie, pero resulta que en el mundo bancario hay agencias que se dedican a calificar los productos financieros por notas, desde AAA para los muy fiables a BBB para los nada fiables. Se supone que estos paquetes llenos de deuda iban a recibir un rating de BBB. Pero entonces ocurrió el fallo informático…

Ese error informático hizo que estos paquetes tuvieran de repente un rating AAA. Así que las agencias de rating les estaba diciendo a los bancos de todo el mundo “¡comprad los paquetes que vende el Banco de Listillo, son ultrafiables!”, cuando eran pura deuda sin respaldo y de muy poca fiabilidad. Ahí entra Blanquito, cliente del Glitnir en Islandia, un banco al que el Banco de Listillo le dice “oye, cómprame por tantos millones algunos paquetes de hipotecas, ya verás que rentabilidad te dan”. El Glitnir los compra pensando que es una inversión segura, atendiendo a su rating de AAA, pero después de comprarlos se da cuenta de que ha comprado una deuda que es muy probable que no se devuelva en su mayor parte, por lo que el banco se hunde, y tiene que ser rescatado por el Estado islandés, que no puede con los tres grandes de Islandia.

Esto ha pasado con todos los bancos del mundo, y ha causado la crisis más grave desde la gran depresión. Lo que pasa es que hay una gran diferencia con dicha crisis de los años 30: el Crack del 29 se produjo por una repentina desconfianza generalizada en la bolsa, que se subsanó inyectando dinero para volver a generar confianza. La crisis que estamos viviendo tiene una amplitud sin precedentes. Muchos expertos dicen que al lado de esta crisis, el Crack del 29 es un juego de niños.

¿De quien es la culpa de todo esto? ¿Es de Pringao, por pedir dinero que sabe que no tiene ni puede conseguir, por vivir por encima de sus capacidades, y por ser irresponsabel? ¿O de Listillo, cuya extrema codicia le hace querer más y más dinero? ¿Del hombre que espera en la cola, o del hombre poderoso?

Conozco a un hombre
es un hombre poderoso
tiene a la gente en su poder
en la palma de su mano.
Empezó en lo más bajo
y consiguió ir progresando
ahora no parará
hasta que alcance lo más alto.
Es la misma historia de siempre
es el mismo viejo sueño
es el hombre poderoso,
y todo lo que puede hacer.
Si quieres tu dinero
mejor espera en la cola
porque si no acabarás recogiendo
monedas del suelo
Le dices nombres
y el se sienta y se burla,
porque todos los demás
son unos imbéciles para él
Y tiene mi dinero
pero yo tengo fe
y hombre poderoso:
yo nunca seré tu esclavo
Es la misma historia de siempre
el mismo viejo juego
es el hombre poderoso
y me está volviendo loco
Hubo gente que trató de conquistar el mundo
Napoleón y Genghis Khan
Hitler probó y Mussolini también
El hombre poderoso no necesita luchar
El hombre poderoso no necesita armas
El hombre poderoso tiene el dinero de su parte
La verdad es que no soy rico
ni soy libre
pero tengo a mi chica
y ella me tiene a mi
Él tiene mi dinero
y mis derechos de publicación
pero yo tengo a mi chica,
y estoy bien
Y me mantiene cuerdo,
y me mantiene funcionando
Pero el hombre poderoso
tiene dinero en su cerebro
Es la misma historia de siempre
el mismo juego
es el hombre poderoso
El hombre poderoso me está volviendo loco.
…continuará.
escrito por Dans

Bits2u
Otros enlaces

banner2 120x60



Radio Familia Libre